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sábado, 27 de julio de 2013

El Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares permite preparar Bases para Misiles Nucleares



La NO Proliferación Nuclear 

Con la primera explosión nuclear, las potencias involucradas se fijaron como objetivo
tomar la delantera en una carrera sin límites apestando a todo el planeta de emisiones radiactivas con negligente promiscuidad y en niveles inhabitables y de futuro incierto. 

En teoría siempre nos preocupó evitar que se pulse el botón que inicie la Gran Guerra pero es más demoníaco transitar diariamente entre toneladas de residuos nucleares y de armas megatónicas, tan pronto obsoletas como hallan aparecido las de última generación y así seguimos acumulando desechos de energía letal. Como pronosticara Einstein, "la cuarta contienda mundial se hará con palos y piedras", pero aunque no ocurra igualmente convivimos con esta escoria que multiplica la radiación de fondo del planeta, produce enfermedades terminales y altera la información genética de su biósfera de manera irreversible, además de obligarnos a vivir en el escenario del apocalipsis. 

En la década del setenta Estados Unidos aumentaba su arsenal atómico y le exigía al resto del mundo cumplir con el Tratado de No Proliferación Nuclear (SALT). Aquellos países que no cuenten con desarrollo nuclear deberán abstenerse de fabricar armas con ese poder. En cambio, las potencias que lo posean acatarán una cláusula del Tratado de No Proliferación invitándolas a negociar con buena fe el "cese de la carrera de las armas nucleares y el desarme nuclear". El resultado siempre fue el mismo: bajaron el ritmo de una locura armamentista que se preocuparon por ocultar pero nunca negociaron el desarme.

A principios de la revolución atómica y conforme con la política de "Atomos Para La Paz" como remedio que mitigue el desastre de Hiroshima, los Estados Unidos impusieron restricciones y controles con el objeto de que el poder del átomo no cayera en otras manos. Desde comprarle los residuos radiactivos a los países que se iniciaban con plantas de energía nucleoeléctrica hasta engendrar, mediante la Comisión de Energía Atómica de las Naciones Unidas en 1946, inspectores extranjeros facultados para investigar a quienes accedían a esta tecnología, con el propósito de controlar que la energía nuclear se use sólo con fines pacíficos, vedándoles de esta manera la fabricación de las armas letales.

Pensar con ingenuidad que la Unión Soviética, los países del Este, Medio Oriente y la prolífica región asiática, iban a permitir el quebrantamiento de su soberanía con inspecciones internas de agentes claramente controlados por los Estados Unidos, nos hizo alcanzar el nuevo siglo con una cantidad significativa de naciones con poder atómico devastador. La poderosa nación americana, no obstante, mantuvo su "Agencia de Control de Armas y del Desarme" con la fija idea de negociar las conversaciones SALT con la otrora Unión Soviética y polarizar con esta potencia del entonces Pacto de Varsovia la discusión del desarme nuclear cada vez más hipotético.

Al mismo tiempo, en su intento de monitorear y controlar la vida nuclear del planeta, acopiaba toneladas de desechos radiactivos de otras naciones porque en esas barras de combustible agotado habita el plutonio y con él la posibilidad de fabricar el arsenal atómico. Cada reactor vendido por la General Electric y la Westinhouse comprometía al país comprador a devolverle a Norteamérica los residuos radiactivos que generase.

La acumulación de residuos nucleares se convirtió en una incontrolable pesadilla. De manera que decidió crear el Grupo de Suministradores Occidentales: todas las exportaciones de uranio debían merecer la aprobación de ese organismo internacional. El grupo formado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá ya se había aliado antes con el objeto de comprar cuanta reserva de uranio hubiere en el mundo y siempre con el mismo motivo: controlar y evitar que otras naciones se dediquen a la bomba atómica sin lograr ocultar además el negocio monopólico que hacían. Acostumbrado ya a su papel dominante, los Estados Unidos apostaban a que nadie alcanzaría un desarrollo nuclear que le significara una amenaza. Para ello no escatimaron gastos en investigación y espionaje. En crear organismos de fiscalización y en participar de asociaciones de control y presión financiera para doblegar al adversario, sin importarle los medios.

La energía de fisión siempre se asoció al concepto de poder y desde sus comienzos gozó del consabido "secreto de estado". Su dominio marcó respeto en los foros internacionales y las naciones nucleares hicieron sentir la presencia de esa "tecnología de punta". Destacados funcionarios argentinos, por ejemplo, apoyaban la construcción del Repositorio Nuclear de Gastre en la Patagonia chubutense porque "contando con ese tipo de desarrollo nuclear -decían- podríamos hablar en iguales condiciones con los ingleses". La derrota de la guerra por Las Islas Malvinas es aún hoy para algunos motivo de desigualdad y desequilibrio bélicos.

Son las mismas razones que llevaron a China a deflagrar la primera bomba en 1964, aunque es sabido que quienes están con capacidad de producir armas atómicas no necesitan anunciar explosiones semejantes, ni llevarlas a cabo. La India hizo una sola detonación pero fue para decirle al mundo que ya poseía el poder. Orgullosa, enseguida explicó el éxito alcanzado sin eufemismos, como para lectura ulterior de sus vecinos, principalmente Pakistán. En cambio Israel tiene la bomba atómica y nunca la hizo detonar para probarla. "No se necesita... la bomba ya está".

Dicho con claridad, los sistemas o mecanismos para controlar las explosiones nucleares son tan ridículos como ineficaces. Tanto como la desesperación norteamericana por mantener su hegemonía como venimos explicando, aunque es comprensible la utilización de ingentes fondos y recursos para mantener ese monopolio conforme a la visión del mundo y del destino que se impuso esa nación imperial. Casi todas los países con armamento atómico consumaron detonaciones de escasa potencia, e incluso inferiores a un kilotón, en el más absoluto secreto.

Peter Pringle y James Spigelman escribieron en "Los Barones Nucleares" que "en 1970 un grupo especialmente designado de especialistas de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), con sede en Viena, entendió que si un país retiraba material de una planta de plutonio, es decir, de una reprocesadora o de un reactor reproductor, sería capaz sin duda de hacer el artefacto en diez días. Ese período se llamó "tiempo crítico". Por tanto, en hipótesis, para investigar aquella desviación, la planta debería ser inspeccionada cuando menos cada diez días".

Hasta la fecha, la única forma de desactivar cualquier intento de fabricar material bélico atómico pasa por inspeccionar todas las plantas de energía nuclear existentes en el planeta porque es en sus reactores que se origina el temible pero también adorado plutonio. Y este requisito habría que practicarlo cada diez días. 

De manera que es poco creíble que ahora nos vengan a decir que aceptemos diez estaciones de vigilancia internacional para impulsar un altruista tratado de prohibición completa de ensayos nucleares.

¿De qué sirvieron hasta ahora las estaciones salvaguardias del Tratado de No Proliferación si cualquier país fue capaz de fabricar material militar atómico partiendo del plutonio que genera su reactor instalado en su central nucleoeléctrica? "Transcurrieron dos años antes de que el gabinete de Nixon reconociese públicamente que había surtido de agua pesada a la India y que lo había hecho sin imponer restricciones a su utilización" (P. Pringle y J. Spigelman, "Los Barones Nucleares"). De modo que la "bomba de trastienda" (léase terrorista) o la bomba de supermegatones, son posibles en pocas horas para cualquier país que posea plutonio aislado y de nada sirve comprar las reservas uraníferas del mundo, como hicieron en un principio, intentando evitar que otros construyan armas nucleares. 

Al presidente de la India le importaba "una sola explosión intimidatoria que demostrara la capacidad nuclear de su patria mientras que para Israel no fue necesario detonarla. Ambas naciones forman parte del club nuclear militar y no hubo quien pudiera impedirlo además de enterarnos con el hecho consumado.

Fueron necesarias sucesivas experiencias como las señaladas para que Estados Unidos comience a imaginar un sofisticado sistema de seguridad. Mientras tanto no retacea su apoyo a la Agencia Internacional de Energía ni a las Naciones Unidas firmando las cláusulas del Tratado de No Proliferación pero reservándose siempre la potestad de hacer "explosiones con fines pacíficos". La mayor potencia del planeta concluye admitiendo que deberá construir un sistema de seguridad global que lleve su ojo cibernético hasta el rincón más ignorado y que además contemple el uso de un sistema de contra ataque rápido en el menor tiempo posible.

En cuanto al vocablo "proliferación" del medular convenio solo bloquea a una de las partes. La idea consiste en no permitir que se continúe fabricando ese material bélico evitando que nuevas naciones alcancen poder nuclear pero ¿qué ocurre con lo "ya proliferado?". Esto es, los países que fabricaron la bomba atómica se la prohíben a los que aún no la hicieron. De igual manera ocurrió cuando resolvieron permitir las explosiones subterráneas y no las atmosféricas. No se prohibió fabricar la peste, sino que ellos controlaban ser los únicos con capacidad para hacerlo. Los mismos autores, Pringle y Spigelman, lo explican de la siguiente manera: "Los rectores de las dos superpotencias no se refirieron ya al "desarme" sino al "control de armamento". Con el fin de apaciguar a cuantos protestaban del cambio, el nuevo organismo gubernamental de los Estados Unidos, creado en 1962, para encargarse de tales menesteres, se llamó Agencia de Control de Armas y del Desarme. Pero cuando se presentó a público debate el tratado de prohibición de pruebas nucleares en 1963, los portavoces de la administración insistieron en que su función era una medida de no- proliferación, no de renuncia a las armas: como las experiencias subterráneas eran mucho más difíciles y caras, el tratado frenaría a los aspirantes a potencia atómica. Nada cambiaría de puertas a dentro. De hecho los Estados Unidos acelerarían su programa de pruebas, aunque fuese bajo tierra." 

AÑO 2002. TRATADO DE PROHIBICION COMPLETA DE ENSAYOS NUCLEARES 
El título que encierra este ambicioso compromiso mundial no sorprende a nadie. Una vez más, el tratado prohíbe los ensayos nucleares pero no prohíbe construir las bombas. 

Argentina ratificó el tratado y por tanto integra el SISTEMA INTERNACIONAL DE VIGILANCIA (IMS) que comprende cuatro tipos de tecnologías: hidroacústica, sismológica, de radionucléidos y de infrasonido. En total son 321 estaciones en todo el mundo, de las cuales nueve se ubican en Argentina, más una sede central en Buenos Aires que dependerá de la Autoridad Regulatoria Nacional (ARN) -léase Comisión Nacional de Energía Atómica-(CNEA). Tres de las estaciones se dedicarán a inspeccionar radionucléidos, dos son de infrasonido, tres harán registros sísmicos y habrá un laboratorio de radionucléidos. Los lugares elegidos son por ahora Salta, Paso Flores, Coronel Fontana, Neuquén (Villa Traful), Bariloche y Ushuaia (Tolhuin). Y estarán manejadas por personal internacional. En el plano local hay dos organismos responsables: la Autoridad Regulatoria Nacional en casi todas las estaciones menos en las sísmicas que dependerán del INPRES, Instituto Nacional de la Prevención Sísmica. Son 44 los estados signatarios, de los cuales por ahora firmaron 41 y tres no lo hicieron. Además son 13 los que tampoco ratificaron dicho tratado: Argelia, China, República Democrática de Corea, República Democrática del Congo, Egipto, Irán, Israel, Estados Unidos, Colombia, Vietnam y -por supuesto- India y Pakistán- que ni siquiera lo firmaron. Es decir, se trata de 44 países que poseen reactores nucleares de potencia o de investigación. De modo que el tratado entrará en vigencia cuando todas las partes lo ratifiquen. 

Los estados firmantes se comprometen a no realizar explosiones nucleares, a prevenirlas y detectarlas en caso de que otros las hagan. Permitirán, además, verificar, vigilar y facilitar las inspecciones, como así también solicitar al Comité Ejecutivo cualquier investigación "in situ", aprobándose la medida por simple mayoría de los países signatarios. Todas las inspecciones gozarán de libre acceso, uso de los recursos naturales del lugar e inmunidad diplomática entre otras atribuciones menores. En su artículo 8 el convenio advierte que diez años después de estar vigente se celebrará una "Conferencia de los Estados Parte" para examinar su funcionamiento y se "estudiará la posibilidad de permitir que se realicen explosiones nucleares con fines pacíficos". Este despropósito pone las cosas en su lugar y nos invita a reflexionar sobre los crudos errores del Tratado que, como sucedió hasta ahora, somete aún más a los países emergentes alterando su soberanía en manos del cancerbero globalizador. 

Este tratado ata a los países firmantes a través de una Conferencia de los Estados Parte, un Consejo Consultivo, la Secretaría Técnica y, fundamentalmente, el Centro Internacional de Datos con sede en Viena, previo enlace con la red satelital. Como bien explica el acuerdo, todas las estaciones del Sistema Internacional de Vigilancia recogen la información de los canales de infrasonido, sensores digitalizados de todos los equipos, etc. y envían la señal de manera instantánea al Centro Internacional de Datos (IDC) a la ciudad de Viena (Austria), donde se halla la sede del Tratado (ciudad dónde curiosamente también tiene su cerebro la Agencia Internacional de Energía Atómica). 

Allí se archivan y analizan en tiempo real las señales provenientes de las 321 estaciones diseminadas por el globo utilizando un código de computación específico. Es nuestro propósito destacar que semejante red de estaciones terrenas confeccionarán un minucioso mapa informático del planeta y de cada región en particular, no sólo relevante para su función específica de detección nuclear. En opinión de técnicos y especialistas la valiosa información, mediante equipos adecuados, es el más perfecto complemento del "escudo de protección espacial", ideado y desarrollado por sucesivas administraciones norteamericanas (Reagan-Kissinger-Bush), y reflotado en la actualidad. 
El Tratado es un compendio de valiosos datos pero es también una activa presencia en estratégicas latitudes y quien acceda al satélite no necesita recurrir a Viena. Esto no forma parte de fantasía alguna como pudimos leer en notas de tecnócratas cientificistas. 

Hace muy poco, el Parlamento Europeo difundía un informe sobre las características de la red ECHELON que, como se sabe, es una telaraña de espionaje internacional creada por Estados Unidos con el objeto de interceptar todas las comunicaciones mundiales electrónicas. Tiene capacidad para intervenir en telefonía celular y leer los correos electrónicos de Internet. Además "se descubrieron dos claves "encriptadas" en el programa Windows, una de API y la otra de nombre NSAkey. NSA es la sigla de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos". Fue durante los primeros meses del año 2000 cuando adquiere resonancia y credibilidad al descubrir el Parlamento Europeo que informaciones confidenciales de sus industrias estaban siendo usadas por empresarios norteamericanos. La Comunidad Europea emite un documento oficial culpando a Estados Unidos de "abusar de su posición dominante" y le explica al resto del mundo que se trata de ECHELON, una imponente red de espionaje que utiliza más de 120 satélites y bases en 134 países, con gigantescas computadoras capturando palabras telefónicas, e mails y faxes de todo el planeta. Miles de antenas parabólicas retransmiten toda la información a un monumental ojo cibernético instalado en Virginia, donde reside la National Security Agency (NSA) con 38.000 empleados y 4.000 millones de dólares de presupuesto. Son sus estaciones en tierra, enlazadas con sus satélites -propios o ajenos- su columna vertebral. ECHELON lo capta todo: teléfonos móviles, cables de telefonía submarina, fibra óptica, Internet, etc. Son más de 3.000 millones de comunicaciones diarias, seleccionadas entre otras por un "diccionario electrónico" atento a palabras claves. Los satélites utilizan microondas o hiperfrecuencias similares a la luz pescando los datos viajeros. Cualquier voz es decodificada e incluso la más pequeña partícula de luz que se desprenda de cables de cobre o de fibra óptica sirve para reconstruir todo el mensaje. No escapa nadie: organizaciones, gobiernos, empresas, políticos o simples ciudadanos. El correo electrónico es la comunicación más vulnerable; el sistema de rastreo "olfatea" todos los datos que circulan por Internet.

ECHELEON lo integran cinco países, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra y según informaciones del Sunday Times, contiene una lista negra vigilando a "toda persona políticamente activa". En sus radares habitan militares o religiosos, organizaciones ambientalistas o de los derechos humanos, terroristas o narcotraficantes, enemigos o aliados y, por supuesto, piratean información útil a sus multinacionales y a perpetuar sus dominios. 

El informe publicado por la Comunidad Europea y discutido en su Parlamento dejó de ser ciencia-ficción. Y si bien ECHELON ya existía y no pudo evitar la destrucción de las Torres Gemelas ni el ataque al Pentágono, los especialistas sostienen que multiplicando las estaciones y la capacidad de réplica del "Escudo Galáctico", no habrá más sorpresas. 

A esta altura no debemos olvidar cuál es el espíritu del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, porque ECHELON y el nuevo Sistema Internacional de Vigilancia detectan pero otro sistema es el que debe actuar si tenemos presente "el tiempo crítico" (diez días) entre contar con el plutonio y fabricar el artefacto. Aunque el convenio solo intente perseguir detonaciones que en tiempo real ofrezcan datos de las explosiones nucleares superiores a un kilotón de potencia. Inferiores a este nivel podrán escapar a los registros de las estaciones de vigilancia. Hasta ahora fueron infructuosos, como ya dijimos, los intentos norteamericanos de vigilar e inspeccionar la actividad nuclear de otras naciones. Este Sistema Internacional de Vigilancia del Tratado de Prohibición de Explosiones Nucleares es su mejor aproximación, digamos, pero es también la primera puerta para investigaciones "in situ" pisoteando soberanías. En realidad, evitar explosiones nucleares e impedir la construcción de artefactos atómicos pareciera una dicotomía insalvable. El Tratado no prohíbe fabricar misiles, ni sus ojivas. Tampoco construir emplazamientos que los lancen y mucho menos desarrollar la tecnología de sofisticados artefactos atómicos. El Tratado no impide el contrabando nuclear ni la amenaza de una guerra nuclear. Tampoco impide el traslado de enormes buques cargados de residuos para reciclar el plutonio. En definitiva, parece haber sido creado con el único propósito de parar la emisión de radionucléidos evitando las pruebas, con la bendición de las Naciones Unidas, como para entretener o silenciar a ecologistas despistados. Y este es el gran paradigma del convenio porque no descarta ulteriores "detonaciones con fines pacíficos". Recordamos una antigua propuesta francesa de crear un canal en la Península de Valdés, Chubut, mediante explosiones nucleares. El motivo era producir energía eléctrica maremotriz por la diferencia de mareas entre los dos golfos, proyecto que aún está vigente porque el pensamiento tecnócrata no repara en los medios, ni en los efectos, ni en la fragilidad de los ecosistemas y le parece loable contaminar la biósfera de radiaciones mientras sea con fines pacíficos. 

Argentina cede su espacio territorial con generoso criterio de inmunidad diplomática, pero sin utilidad práctica para ella, aunque le permitan copias de los registros almacenados en Viena. Por lo dicho queremos prevenir los motivos reales del Tratado que expusimos aquí sucintamente desde el publicitario concepto de "átomos para la paz" hasta el presente y no dudamos de la lectura real que guarda. 

EL ESCUDO GALACTICO NECESITA BASES TERRENAS 
"El único hombre que puede reducir las tasas de interés de la Argentina, disminuir los riesgos de contagio financiero en los mercados emergentes, y salvar la democracia en el Cono Sur de América es Donald Rumsfeld, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Es él quien tiene que desarrollar la visión estratégica del teatro de operaciones de la defensa misilística que le de a la Argentina un papel en la política de seguridad nacional de los Estados Unidos tal que los inversores lleguen a creer que la administración Bush no permitirá que ese país entre en cesación de pagos. Una vez que se produzca ese cambio perceptivo, no será necesaria ninguna ayuda oficial adicional, porque en el mercado, lo que se percibe es la realidad."
(Parte del imperdible artículo de David Hale, a cargo del Departamento de Economía Mundial en Zurich Financial Services).

La nota fue publicada por el Financial Times, de Londres, el 18 de julio de 2001 con el título "Como Donald Rumsfeld Puede Salvar a La Argentina". 

Entre otros análisis el documento explica "el riesgo de que la crisis financiera Argentina se salga de control y prepare el terreno para acontecimientos que podrían desestabilizar por muchos años toda la región del Mercosur". Abunda en un minucioso detalle de las relaciones financieras argentinas con los mercados mundiales, anuncia la caída de la dolarización y menciona las encuestas de opinión que reflejan una seria crisis institucional, de credibilidad en el sistema y en los políticos. Presagia próximos gobiernos "marxistas o populistas" y advierte un contagio regional con efecto dominó sobre Brasil y otros países del área. Insistimos con la fecha del citado artículo editado por el Financial Times, julio de 2001, porque aún nadie imaginaba los históricos cacerolazos ni podía prever la desbandada de sucesivos gobiernos posteriores a la deserción de Domingo Cavallo. El premonitorio artículo de Hale explica las razones del aislamiento internacional de Argentina afirmando que Alan Greenspan, Paul O'Neil, Gordon Brown y Hans Eichel, entre otros, abandonaron el barco argentino.

"Pero hay una esperanza para la situación de la Argentina -se anima a anunciar David Hale.
El gobierno argentino podría dividir por dos los costos de sus préstamos (la mitad de la deuda externa) si pudiera convencer al Departamento de Defensa de los Estados Unidos para que implante en ese país algún tipo de base militar. El Pentágono tiene planes para invertir grandes sumas en el sistema de defensa misilística. La Argentina podría solicitar del Pentágono que construya en su territorio una de sus estaciones de vigilancia del hemisferio sur, porque está mejor localizada que otros aliados tradicionales de los Estados Unidos. Australia podría tener problemas para aceptar semejante instalación, teniendo en cuenta que pronto elegirá un gobierno laborista, que no ve con simpatía la defensa misilística. Nueva Zelandia eliminó su fuerza aérea, y se retiró del sistema de alianzas occidentales. África del Sur tiene una relación ambigua con el poder militar norteamericano, y probablemente no sería una localización confiable para la defensa misilística". 

Escribimos en nuestro artículo, Misiles Nucleares en la Patagonia, algunas características sobre las condiciones geopolíticas de la estratégica región patagónica e hicimos referencia a esta edición del Financial Times donde decididamente se ofrece cancelar el 50% de la deuda externa Argentina con bases antimisiles y se enfatiza que "el Pentágono tiene planes para invertir grandes sumas en el sistema de defensa misilística" e incluso el analista se acerca aún más afirmando que "Estados Unidos podría construir una de sus estaciones de vigilancia del hemisferio sur", cuando todos sabemos que el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares comprende un Sistema Internacional de Vigilancia (IMS). Pero Estados Unidos no reduce su ambición a un sistema de vigilancia. Sus voceros dan cuenta de la necesidad de crear un escudo de protección mayor con bases interceptoras de misiles y para ello habrían elegido también la Provincia del Chubut, a la altura del pueblo de Camarones, a mitad de camino entre Trelew y Comodoro Rivadavia y otra a escasos 30 kms. al norte de Trelew, donde hasta hace poco tenían instalada la gigantesca antena OMEGA de comunicaciones. Nada hasta ahora permite confirmar los lugares pero sí que será en la Patagonia Argentina. Cuando fue consultado por la prensa el gobernador del Chubut, José Luis Lizurume, no descartó la especie, sólo atinó a pronunciar, sin convencer, que "mientras él sea gobernador impedirá que se lleven a cabo esos proyectos militares". 

RELACIONES CARNALES 
Desde el primer minuto de su gobierno, Carlos Menem llevó a su país tras la aventura militar norteamericana. La participación Argentina en la Guerra del Golfo y sus deseos de inclusión en la OTAN, no fueron suficientes. Resolvió también que las fuerzas armadas estuvieran no sólo a disposición de los Cascos Azules de las Naciones Unidas sino decididamente al servicio de fuerzas especiales conjuntas norteamericanas. En esta sociedad, las resoluciones políticas y los destinos militares son patrimonio de Estados Unidos, mientras que Argentina ofrece un triste papel mercenario, hasta incluso someter y entregar el propio territorio nacional. El gobierno radical de Fernando De La Rua hizo lo mismo. 

En este sentido podemos sintetizar una sucesión de intromisiones y violaciones de la soberanía denunciadas en el Congreso Nacional y ante la justicia. Se destacan las presentadas por la Asociación Americana de Juristas y el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ). Se pide la nulidad, por inconstitucional, el ingreso a territorio argentino de fuerzas militares de diversos países con motivo de maniobras o ejercicios conjuntos bajo la dirección de los Estados Unidos de Norteamérica. Al mismo tiempo, varios diputados de distintas provincias acusan al Poder Ejecutivo de permitir el ingreso ilegal de militares. Se observan movimientos de tropas en Salta respondiendo a un denominado "Ejercicio Cabañas 2001" con casi 1500 soldados de fuerzas especiales, entre ellos 464 de Argentina, 574 de EEUU, 47 de Chile y 240 de Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador y Uruguay. No llamó la atención la ausencia de Colombia y Venezuela, los dos próximos países que son y serán "intervenidos" por Estados Unidos. Se pone en práctica precisamente el "Plan Colombia". En Misiones se alcanzó a filmar el entrenamiento de "boinas verdes"; en el Delta del Paraná son constantes las operaciones de Marines norteamericanos; en la Provincia de Entre Ríos, bajo el nombre FLUVIAL V, unos 400 efectivos realizaron maniobras "en aguas restringidas", en el departamento Islas del Ybicui, con desembarco de marines estadounidenses.

El "Operativo Cabañas 2000" había tenido ocasión en la Provincia de Córdoba con 500 "boinas verdes" de los Estados Unidos y tropas de seis países sudamericanos. Hicieron lo propio las fuerzas aéreas de Argentina y Estados Unidos bajo el nombre "Aguila II" utilizando la base de la Quinta Brigada Aérea de Villa Reynolds, en la Provincia de San Luis. 

Poco después personal del ejército norteamericano se establece en la base del Escuadrón 36 de Gendarmería Nacional con asiento en Esquel, Chubut. El motivo fue, como se dijo, "compartir experiencias de supervivencia y desplazamiento en áreas terrestres mediante ejercicios combinados".

En todos los casos, el parlamento argentino se enteró ante las evidencias ya que se prescindió de la Constitución Nacional que en su artículo 75, inciso 28, indica que es potestad del Congreso de la Nación autorizar el ingreso de tropas extranjeras a su territorio. En el Congreso nunca hubo debate. El pueblo no tuvo voz a través de sus representantes. Nunca tomó decisión alguna. 

LAS BASES SON UNA CUESTION 
La conclusión es sabida. Estados Unidos es el poder imperial que por definición necesita perpetuarse. Aquél señor de la doctrina Monroe dijo una vez con palabras semejantes que los Estados Unidos comienzan en Alaska y terminan en Ushuaia. A pesar de no ser así en los límites geográficos, lo es por los límites de dominio. Quien domina al otro, cualquiera sea la forma de hacerlo, termina extendiendo sus límites. La otra pregunta es ¿para qué?. Y aún no contestando este interrogante la secuencia que sigue es la ecuación seguridad y fuerza. En mayo de 2001 el presidente Bush anuncia la construcción del "escudo misilístico" que, créase o no, para cualquier ser humano se trata de una imponente red de satélites en el cosmos y bases terrenas con ordenadores inteligentes ubicada de manera estratégica con baterías de cohetes atómicos y rayos láser capaces de interceptar cualquier agresión bélica, preferentemente lejos de sus fronteras. Rescata de este modo el plan Reagan-Kissinger-Bush imaginado unos cuantos años antes. Porque el escudo además cuenta con un ojo global que investiga al enemigo e incluso escudriña el más mínimo rincón de los aliados. La electrónica ya indaga las voces y ruidos de las comunicaciones, registra con minuciosidad fotográfica palabras sospechosas y es capaz de "olfatear" radioisótopos ocultos en ojivas árabes, chinas o de Arkansas. La historia de controlar la era nuclear que inauguraron con Hiroshima y Nagasaki se reduce a este escudo cósmico que registra de manera inquisitiva el más mínimo zumbido de la biósfera y su respuesta nuclear mortífera. La Argentina está en los planes y la Patagonia es un sitio estratégico. Desconocer esto significa ignorar "el planeta unificado" y el lugar que nos han destinado. Aceptarlo es negarnos la libertad.

Nota del Autor:
Adjuntamos al presente trabajo una serie de documentos que creemos imprescindibles para un mejor análisis. Es nuestro aporte al debate en cuestión y es también nuestra firme oposición a estaciones de investigación o bases militares dirigidas y controlados por potencias extranjeras y, en el mejor de los casos, solamente útiles para esas potencias:
a) Misiles Nucleares en la Patagonia. Artículo que hemos editado en el otoño pasado y que aún se puede encontrar en portales de Internet y en la edición del Proyecto Lemu, HOJA X HOJA. 
http://www.ecoportal.net/articulos/misiles.htm > 
b) Detalle oficial del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT). Incluye la lista de los países firmantes y las estaciones argentinas.
c) Lista y Localización de las Estaciones Internacionales de Vigilancia (IMS), del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares.
d) Copia completa del artículo de David Hale, "Como Donald Rumsfeld puede salvar a la Argentina, publicado por el Financial Times de Londres el 18 de julio de 2001.
e) Informe del Parlamento de la Unión Europea que denuncia y explica el funcionamiento de ECHELON. 

* Javier Rodríguez Pardo
Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH)
Sistemas Ecológicos Patagónicos (SEPA)
E mail: machsepa@hotmail.com
E mail: machsepa@infovia.com.ar 

domingo, 27 de mayo de 2012

Se reinstala el debate por la energía atómica




Tras el cuarto encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) Litoral realizado en Paraná, se conocieron las conclusiones de la jornada de trabajo en torno a problemáticas socioambientales. En ese marco, EL DIARIO entrevistó a Javier Rodríguez Pardo, uno de los referentes por la lucha en pos de la energía sustentable.


Papeleras, siembra dependiente de agrotóxicos, cambio del uso de la tierra, minería a cielo abierto, represamientos fueron algunos de los temas que se tocaron en el 4º Encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas Litoral realizado en Paraná, en la Escuela de Comercio 1 Justo José de Urquiza.
Tras la jornada de debate, en torno de problemáticas socioambientales, se trabajó para sistematizar las conclusiones del evento, que ahora se difundieron. Los asambleístas se solidarizaron “con el bloqueo selectivo en el Alto Carrizal contra las megamineras contaminantes” comprometiéndose a “articular acciones concretas atendiendo a las necesidades de los compañeros y compañeras que están allí poniendo el cuerpo, deteniendo el paso de los camiones, cada día y cada noche”.
También se planificará “una declaración en repudio a la presencia de comando sur estadounidense en la región del Litoral, con cartas a las autoridades provinciales y nacionales”, además de participar de la acción que se desarrollará el próximo 25 de mayo en Resistencia”, donde –señalan– se ha establecido personal militar extranjero. Por otra parte, se decidió “rechazar las obras de dragado del río Uruguay, participar, apoyar y difundir el encuentro de iniciativas sustentables a realizarse en junio en la provincia de Corrientes, hacer aportes de material para el trabajo en escuelas y trabajar para “el desarrollo de la biblioteca pedagógica ambiental”.
Por último, la Unión de Asambleas Ciudadanas decidió encontrarse nuevamente en el mes de septiembre en Rosario para realizar el 5º encuentro regional.
En este marco, EL DIARIO dialogó con Javier Rodríguez Pardo, referente de organizaciones socioambientales patagónicas, sobre uno de los temas que está preocupando a la UAC: la matriz energética.

Debate por la energía. Rodríguez Pardo, a cargo de presentar en el Encuentro el tema de la situación del proyecto nuclear en la Argentina, es referente de la Unión de Asambleas Ciudadanas nacional, y miembro de Renace (Red Nacional de Acción Ecologista), periodista y ambientalista. Ha escrito el libro “Vienen por el oro. Vienen por todo”, donde denuncia los negocios detrás de la explotación minera.
“Lo que queremos es hacer un debate nuclear a nivel nacional, discutir la matriz energética que necesitan los pueblos, ofrecer las energías alternativas aplicables en la vasta geografía del territorio nacional, energías solar, eólica, maremotriz y demás”, comenzó diciendo el ambientalista en diálogo con EL DIARIO.
“Queremos poner en debate por qué y para qué, y para quiénes es esa energía, que está en línea directa con las trasnacionales que operan en el país: una empresa como la Alumbrera (la mina) consume el 80% de la energía de todo el pueblo de Tucumán y sus industrias. Y hay una cantidad de proyectos mineros de envergadura equivalente o más, como Agua Rica en Catamarca, Pascua Lama San Juan, que necesitan esos insumos: energía y agua en abundancia”.

Legislación. Las asambleas se oponen a los lineamientos del “plan energético nacional, que implica la generación de energías contaminantes que en los países del primer mundo están siendo dadas de baja”, explicó Rodríguez Pardo. En la Argentina –dijo– “apostamos al carbón, al petróleo, al gas”, consideró y se detuvo “en la energía nuclear: la discusión no está instalada, no comenzó ni a pensarse en eso. Se está barajando tener cuatro centrales en actividad para el complejo de Atucha, 100 kilómetros aguas arriba de la ciudad de Buenos Aires. Esta discusión queremos darla en todos lados, en las universidades, en las asambleas, de forma participativa. No queremos que la voluntad de los pueblos sea representada por voluntades compradas, y en eso estamos”, señaló el ambientalista.
Rodríguez Pardo informó entonces que existe en la Argentina una ley que fija la realización de consultas populares en las provincias siempre que surja un proyecto nuclear para el territorio. “En 1996 conseguimos que se sancionara una ley que impide las instalaciones nucleares relevantes rechazadas por la provincia elegida (para instalar el reactor o el basurero nuclear)”, precisó, en referencia a la norma que surgió tras el intento de habilitar un basurero nuclear –repositorio de residuos radioactivos– en la provincia de Chubut en 1986, proyecto que fue rechazado por la ciudadanía.

Consulta. Ahora, las asambleas están pidiendo que se aplique esta normativa en caso de resurgir los planes nucleares. “Si mañana el Estado nacional quiere poner una central nuclear en Formosa, la ley obliga a que se consulte a la provincia acerca del proyecto. Debemos tenerla en cuenta y aplicarla en caso de que quieran llevar adelante instalaciones nucleares relevantes,”, indicó Rodríguez Pardo.

Leyes

Explica Javier Rodríguez Pardo que los ciudadanos de cualquier provincia argentina donde se pretenda ubicar una instalación nuclear relevante (reactor o repositorio de residuos radioactivos) pueden recurrir a la ley 24.804, artículos 11 y 12 (decisión de las provincias). Asimismo, ante la aparición de un proyecto nuclear en su territorio, “los ciudadanos deben exigir que se respete la instancia participativa del pueblo de acuerdo con lo establecido en los artículos 19, 20 y 21 de la ley 25.675 (Ley General del Ambiente).

Respuestas

En diálogo con EL DIARIO, Javier Rodríguez Pardo respondió a la pregunta de por qué el Estado argentino sigue apostando a la energía nuclear. Dijo que entre Atucha y Embalse Río Tercero no generan el 4% de toda la energía que consume el país, con lo cual la Nación podría funcionar sin los reactores.
–¿Por qué se insiste entonces con los reactores?
–En realidad hay gobiernos que creen que la energía nuclear les permite contar con un poder, el poder atómico, y participar así en el club de los elegidos, con las potencias nucleares. Pero es momento de que los países de América latina, México, Brasil, Argentina, por lo menos se debata el tema, cuando en Europa han tomado ya la decisión –en Alemania, en Italia– de no contar con energía nuclear eléctrica.
–¿Se ha resuelto ya qué hacer con los residuos?
–En Estados Unidos la comisión de energía atómica determinó que cuesta más la gestión de los residuos radiactivos que la energía misma. EE.UU. no tiene repositorios definitivos de desechos de alta actividad (la vida del plutonio por ejemplo es de 250 mil años). Para los de alta actividad se necesita un lugar adecuado, donde el agua no toque los contenedores. Pero tarde o temprano se van a abrir: son tambores de acero envueltos en plomo. Se sigue arrojando lo residuos al océano, los de corta y media actividad los arrojan al mar, los de alta actividad deben tener en cambio una gestión definitiva.

Javier Rodríguez Pardo dialogó con EL DIARIO.


 
http://www.eldiario.com.ar/diario/interes-general/nota.php?id=44830

martes, 17 de abril de 2012

LOS DESECHOS RADIACTIVOS DEL REACTOR NUMERO 4 DE FUKUSHIMA AMENAZAN LA SUPERVIVENCIA DE TODA FORMA DE VIDA EN LA TIERRA



                         Las piscinas de combustible de Fukushima

La mayor amenaza para la humanidad a corto plazo


Washington's Blog
Global Research


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens



Con  base en los datos del Departamento de Energía de EE.UU., se supone que un total de 11.138 ensamblados de combustible usado se están almacenando en la instalación de Daiichi, casi todos en piscinas. Contienen aproximadamente 336 millones de curies (~1.2 E+19 Bq) de radiactividad de periodo largo. Cerca de 134 millones de curies son de Cesio-137, aproximadamente 85 veces la cantidad de Cs-137 liberado en el accidente de Chernóbil según estima el Consejo Nacional de Protección contra la Radiación de EE.UU. (NCRP). El inventario total de combustible de reactor usado en la instalación Fukushima-Daiichi contiene casi la mitad de la cantidad total de Cs-137 que el NCRP estima que ha sido liberado por todos los ensayos atmosféricos de armas nucleares, Chernóbil, y las plantas de reprocesamiento de todo el mundo (~270 millones de curies o ~9.9 E+18 Becquerel). Es importante que el público comprenda que los reactores que han estado operando durante décadas, como los de Fukushima-Daiichi han generado parte de las mayores concentraciones de radiactividad en el planeta”. ( Robert Alvarez, es Asesor Político Sénior del Secretario y Vicesecretario Adjunto de Seguridad Nacional y Entorno en el Departamento de Energía de EE.UU.)
Días después del terremoto de Japón señalamos que la mayor amenaza provenía de las barras de combustible nuclear usado en la piscina de combustible en la unidad número 4 de Fukushima, y no de los reactores per se. Vea esto y esto . Señalamos en febrero:
Los científicos dicen que existe una probabilidad de 70% de que un terremoto de magnitud 7.0 afecte Fukushima este año, y una probabilidad de 98% en los próximos 3 años.
En vista de que el experto nuclear Arnie Gundersen dice que un terremoto de 7.0 o mayor podría causar el colapso de toda la estructura de piscinas nucleares, es urgente que se haga todo lo humanamente posible para estabilizar la estructura que alberga las piscinas de combustible en el reactor número 4.
Tepco está realizando alguna construcción en el edificio… es una carrera contra el tiempo bajo circunstancias muy difíciles y ojalá Tepco la gane.
Como señala AP:
La integridad estructural del edificio dañado del reactor de la Unidad 4 ha sido de largo una importante preocupación entre los expertos porque un colapso de su piscina de enfriamiento de combustible usado podría causar un desastre peor que tres fusiones de reactores.
Gundersen (quien solía construir piscinas de combustible usado) explica que no existe protección que rodee el combustible radiactivo en las piscinas. Advierte de que si las piscinas de combustible en el reactor 4 colapsaran debido a un terremoto la gente debería irse de Japón, y los residentes de la Costa Oeste de EE.UU. y Canadá deberían cerrar todas sus ventanas y permanecer al interior durante un tiempo.
Al parecer la piscina de combustible número 4, no está en buenas condiciones, y ya ha habido innumerables terremotos cerca de la región de Fukushima desde el terremoto grado 9.0 de marzo pasado.
La televisión ZDF de Alemania cita al ingeniero nuclear Yukitero Naka diciendo:
Si ocurre otro terremoto el edificio [número 4] colapsaría y es muy probable que ocurriera otra reacción en cadena.
(La Unidad 4 contiene plutonio así como otros desechos radiactivos.)
Mainchi informó el lunes:
La piscina de almacenamiento del edificio del reactor Nº 4 contiene un total de 1.535 barras de combustible, o 450 toneladas de combustible nuclear. El edificio de 7 pisos ha sufrido considerable daño, y la piscina de almacenamiento está apenas intacta en los pisos tercero y cuarto. El techo ha desaparecido. Si la piscina de almacenamiento se rompe y se seca, el combustible nuclear de su interior se sobrecalentará y estallará, causando una gran cantidad de sustancias radiactivas que se dispersará sobre una gran área. Tanto la Comisión Reguladora Nuclear de EE.UU. (NRC) como la compañía francesa de energía nuclear Areva han advertido de este riesgo.
Un informe publicado en febrero por la Comisión Independiente de Investigación sobre el Accidente Nuclear de Fukushima Daiichi Nuclear señaló que se ha visto claramente que la piscina de almacenamiento del reactor Nº 4 de la planta es el “eslabón más débil” en las crisis paralelas de reacción en cadena del desastre nuclear. El escenario del peor caso posible elaborado por el gobierno incluye no solo el colapso de la piscina del reactor Nº 4 sino la desintegración de barras de combustible usado en todos los demás reactores de la planta. Si esto sucediera, los residentes en el área metropolitana de Tokio se verían obligados a evacuar.
El ex ministro de Tierra, Infraestructura, Transporte y Turismo, Sumio Mabuchi, quien fue nombrado al puesto de asesor sobre el desastre nuclear inmediatamente después de que ocurriera por el primer ministro de entonces Naoto Kan, propuso la inyección de hormigón desde debajo del reactor Nº 4 al fondo de la piscina de almacenamiento, al estilo de Chernóbil.
“Porque se estaba bombeando agua de mar dentro del reactor, la solidez de la estructura era dudosa (corrosión del hormigón y deterioro). También había dudas sobre los cálculos hechos sobre la resistencia a los mismos", dijo una fuente gubernamental familiarizada con lo que tuvo lugar. “La remoción de las barras de combustible tardará tres años. ¿Se mantendrá estable tanto tiempo la estructura?”
Asahi señaló el mes pasado que si se produce una grieta debida a un terremoto en la piscina de la Unidad 4 y se filtra, será el fin de Tokio.
Kevin Kamps dijo el mes pasado:
La piscina de la Unidad 4… Todo el edificio escora, incluida la piscina. Lo que tienen son gatos de acero debajo de la piscina para tratar de evitar que el piso se caiga o que la piscina se dé la vuelta.
Si se pierde ese suministro de agua de enfriamiento, pasarán solo unas horas, en el mejor de los casos, antes que esos desechos ardan. 135 toneladas fuera de cualquier contención radiactiva. Habría descargas directas al entorno. Se podría liberar al entorno el 100% de cesio-137.
El exasesor de la ONU Akio Matsumura –que ha sido elogiado por Mikhail Gorbachov, los embajadores de EE.UU. Stephen Bosworth y Glenn Olds, y el ex Secretario de Estado Adjunto de Estado de EE.UU. y copresidente de Goldman Sachs John C. Whitehead– señala:
La unidad sufrió un daño enorme durante el tsunami, una explosión de hidrógeno hizo volar el techo, dejando la piscina de combustible altamente radiactivo expuesta al aire. Si otro terremoto de alto nivel ocurriera en el área, el edificio ciertamente se derrumbaría. Meteorólogos japoneses y estadounidenses han predicho que un fuerte terremoto semejante es ciertamente probable durante este año.
La fusión y la liberación de radiación sin precedentes que ocurriría son el escenario del peor caso que el entonces primer ministro Kan y otros ex funcionarios han discutido en los últimos meses. Advirtió durante su discurso en el Foro Económico Mundial en Davos de que un accidente semejante podría significar la evacuación de los 35 millones de personas de Tokio, el cierre de medio Japón y comprometer la soberanía de la nación. Una catástrofe humanitaria y medioambiental semejante es inimaginable. Hiroshi Tasaka, ingeniero nuclear y asesor especial del primer ministro Kan inmediatamente después de la crisis, dijo que la crisis “solo abrió la Caja de Pandora”.
El actual gobierno japonés todavía no ha mencionado el amenazador desastre, al parecer para no provocar pánico público. A pesar de todo, hay que actuar rápidamente. Este sitio ha publicado durante el año pasado un comentario continuo de científicos que explican por qué el reactor 4 debe estabilizarse de inmediato, quién podría cumplir una tarea semejante y por qué la situación ha pasado en gran parte desapercibida. Creemos que un equipo internacional independiente de ingenieros estructurales y otros asesores debe reunirse y desplegarse de inmediato. La creciente presión pública obligaría a actuar al gobierno japonés. Esperamos que esos recursos ayuden a educar al público sobre la crisis que enfrentamos.
Como dijo hace diez meses el eminente físico alemán Hans-Peter Durr, si se derrama la piscina de combustible usado, estaremos en una situación jamás imaginada por la ciencia.
A Matsumura se le dijo que si se derrumba la piscina de combustible en la unidad 4 o el agua se derrama, se producirá tanta radiación que nadie podrá aproximarse a Fukushima.
De un modo aún más dramático, Matsumura escribe:
El exembajador de Japón en Suiza, Mitsuhei Murata, fue invitado a hablar en la Audiencia Pública del Comité Presupuestario de la Casa de Concejales del 22 de marzo 2012, sobre el accidente de las plantas de energía nuclear de Fukushima. Ante el Comité, el embajador Murata declaró enérgicamente que si se derrumba el edificio estropeado del reactor de la unidad 4 –con 1.535 barras de combustible en la piscina de combustible usado a 30 metros de altura– no solo causará un cierre temporal de los seis reactores sino que también afectará la piscina común de combustible usado que contiene 6.375 barras de combustible, ubicada a unos 50 metros del reactor 4. En ambos casos las barras radiactivas no están protegidas por una vasija de contención; peligrosamente, están expuestas al aire. Esto ciertamente causaría una catástrofe global nunca vista. Subrayó que la responsabilidad de Japón ante el resto del mundo es inconmensurable. Una catástrofe semejante nos afectaría a todos durante siglos. El embajador Murata no informó de que las cantidades totales de las barras de combustible usado en Fukushima Daiichi excluyen las barras en las cámaras de presión; son de 11.421 (396+615+566+1,535+994+940+6375).
Pedí al máximo experto en piscinas de combustible usado, Robert Alvarez, ex Asesor Político Sénior del Secretario y Vicesecretario Adjunto de Seguridad Nacional y Entorno en el Departamento de Energía de EE.UU., una explicación del impacto potencial de las 11.421 barras.
Recibí una sorprendente respuesta del señor Alvarez [actualizada el 5 de abril de 2012]:
Últimamente, se ha conocido más información sobre la situación del combustible usado en la instalación Fukushima-Daiichi. Tengo la convicción que de los 1.532 ensamblados de combustible usado en el reactor, 304 ensamblados son frescos y no han sido irradiados. Esto deja 1.231 barras de combustible usado irradiado en la piscina Nº 4, que contiene aproximadamente 37 millones de curies (~1.4E+18 Becquerel) de radiactividad de período prolongado. La piscina Nº 4 está a unos 30 metros sobre la superficie, está dañada estructuralmente y expuesta al aire. Si un terremoto u otro evento llevaran a que se seque esta piscina podría provocar un catastrófico incendio radiológico involucrando casi 10 veces la cantidad de Cs-137 liberada por el accidente de Chernóbil.
La infraestructura para sacar con seguridad material resultó destruida, así como la de los otros tres reactores. El combustible de reactor usado no puede ser simplemente levantado al aire por una grúa como si fuera una carga rutinaria. A fin de prevenir severas exposiciones a la radiación, incendios y posibles explosiones, debe transportarse siempre en agua y en estructuras fuertemente protegidas a toneles secos. Como esto no se ha hecho nunca antes, la remoción del combustible usado de las piscinas en los reactores dañados de Fukushima-Daiichi requerirá un importante esfuerzo de reconstrucción que consumirá mucho tiempo y será un camino por aguas desconocidas. A pesar de la inmensa destrucción causada en la instalación de Daiichi, parece que los toneles secos que contienen una cantidad menor de combustible usado no han sido dañados.
Muchos de nuestros lectores considerarán difícil apreciar el significado real de la cifra, pero podemos comprender lo que significaría 85 veces más Cesio-137 que en Chernóbil. Destruiría el entorno del mundo y nuestra civilización. No se trata de una ciencia exacta, ni se conecta con el debate pugilístico sobre las plantas de energía nuclear. Es un problema de supervivencia humana.
Hubo una Conferencia en la Cumbre sobre Seguridad Nuclear de Seúl el 26 y 27 de marzo y el embajador Murata y yo hicimos un esfuerzo concertado para conseguir que alguien informara a los participantes de 54 naciones de la potencial catástrofe global de la unidad 4 de reactores. Pedimos a varios participantes que compartieran la idea de un Equipo Independiente de Evaluación compuesto por un amplio grupo de expertos internacionales para que encare este tema urgente.
Quisiera introducir la carta del embajador Murata al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para transmitir este mensaje urgente y también su carta al primer ministro de Japón Yoshihiko Noda para los lectores japoneses. Subrayó en su declaración que debiéramos llevar a que la sabiduría humana enfrente este desafío sin precedentes.
La carta del embajador Murata dice:
No es ninguna exageración decir que la suerte de Japón y de todo el mundo depende del reactor Nº 4. Esto es confirmado por expertos extremadamente fiables como el Dr. Arnie Gundersen o el Dr. Fumiaki Koide.
La física antinuclear Dra. Helen Caldicott dice que si la piscina de combustible 4 se derrumba evacuará su familia de Boston y la mudará al Hemisferio Sur. Es una declaración especialmente dramática ya que la Costa Oeste está mucho más directamente en el camino de la radiación de Fukushima que la Costa Este.
¿Se pondrá la humanidad a la altura de la circunstancia y encontrará un camino para estabilizar la piscina de combustible Nº 4 antes de que ocurra una catástrofe?
¿U obtendrá la civilización un premio Darwin por no prestar atención a las verdaderas amenazas?
Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=30207
rCR

viernes, 6 de abril de 2012

Documental sobre desechos radiactivos: "Into Eternity" en español.



Into Eternity Por Michael Madsen
http://www.youtube.com/watch?v=Ndx4_L-sLF8&list=PLD2AB8918483E9D69&index=11&feature=plpp_video

Todos los días, todo el mundo, grandes cantidades de desechos de alto nivel radiactivo creado por las centrales nucleares se coloca en depósitos provisionales, que son vulnerables a los desastres naturales, desastres provocados por el hombre, así como a cambios en la sociedad. En Finlandia, el mundo primero depósito permanente se está excavado en la roca - un enorme sistema de túneles subterráneos - que debe durar 100.000 años, ya que es el tiempo que los residuos siguen siendo peligrosos. Una vez que los residuos han sido depositados y el depósito está lleno, la instalación debe ser sellada y nunca volvió a abrirse. O al menos eso esperamos, pero podemos asegurarnos de que? ¿Y cómo es posible advertir a nuestros descendientes de los desechos mortales que dejamos atrás? ¿Cómo podemos evitar pensar que han encontrado las pirámides de nuestro tiempo, los motivos místicos de entierro, los tesoros ocultos? ¿Qué lenguajes y signos, van a entender? Y si ellos entienden, se respetan nuestras instrucciones? Mientras que las máquinas gigantescas monstruos cavar más profundo y más profundo en la oscuridad, los expertos sobre la tierra se esfuerzan por encontrar soluciones a este problema de los residuos radiactivos de importancia crucial para asegurar la humanidad ya todas las especies en el planeta Tierra ahora y en el futuro cercano y muy lejano. Cautivante, maravillosa y extremadamente atemorizantes, este documental lleva a los televidentes en un viaje nunca antes visto en el mundo terrenal y en el futuro.
http://www.balticuniverse.com/en/packages/view/package-82

LA RADIACIÓN SE INSTALÓ EN TOKIO

La capital de Japón, la más poblada del planeta, sufre las consecuencias de los núcleos fundidos de los reactores de Fukushima: son imparables.



Por Javier Rodríguez Pardo *

Las evacuaciones por los sucesos de Fukushima rondan las cien mil personas, pero el efecto multiplicador de la radiación en todo el territorio  japonés no tiene límites. 
Muestras tomadas al azar en suelos de la capital japonesa contienen niveles de radiación que en Estados Unidos se considerarían como residuos radiactivos.
 
Mientras viajaba por Japón, el ingeniero nuclear Arnie Gundersen (Especialista en jefe consultor de Fairewinds Associates, ex nuclear ejecutivo de la industria de fisión y testigo opinante del accidente nuclear de Three Mile Island, Pensilvania), tomó muestras del suelo de Tokyo en parques públicos, en parques infantiles, en jardines y azoteas de edificios, descubriendo que contenían niveles de radiación que en Estados Unidos se considerarían como residuos radiactivos. 

Una de las últimas conferencias de la Autoridad Regulatoria Nuclear (NRC) en Washington, DC, produjo afirmaciones que ya habían sido denunciadas por el activismo antinuclear; se trata del coste beneficio de esta energía que jamás tuvo en cuenta evacuaciones masivas. El foro de la NRC admitió que el caso japonés de Fukushima, de haberse producido en los Estados Unidos, obligaría a desembolsar fácilmente un billón de dólares por gastos de evacuación. Estos valores son significativamente inferiores si los comparamos con el intento de frenar las ulteriores emisiones radiactivas. De todas maneras, la tierra contaminada sería inhabitable por centurias. 

Este nivel de contaminación está siendo descubierto en todo Japón, pero Tokio es la ciudad más poblada del mundo, catorce mil personas por kilómetro cuadrado, casi dos veces más que Nueva York y se halla a menos de doscientos kilómetros del imparable foco radiactivo de Fukushima Daiichi, complejo nucleoeléctrico donde colapsaron varios reactores de fisión nuclear debido a la nada sorprendente combinación de terremoto y tsunami.  

La Autoridad Regulatoria Nuclear de los Estados Unidos produjo varios informes en cada una de las conferencias sobre el caso japonés. El 13 de marzo del corriente expuso ante esa comisión el físico Arnie Gundersen, de Fairewinds, con datos escalofriantes: “No intenté buscar el punto más alto de radiación, dijo, sino que lo hice al azar; introduje en cinco bolsas de plástico muestras del suelo de Tokyo, de una grieta de la acera, de un parque infantil previamente descontaminado, un poco de musgo de la banquina del camino, de la azotea de un edificio y al cruzar la calle en el centro judicial de la capital japonesa. Llevé las muestras a Estados Unidos -explicó el ingeniero nuclear Gundersen-  y el laboratorio determinó que todas las muestras serían calificadas como residuos radiactivos en los Estados Unidos y enviadas a Texas para su gestión como desecho nuclear.”

Buenos Aires, en cambio, se halla a cien kilómetros del departamento de Zárate, en la Provincia de Buenos Aires. En esa localidad se construye una planta nuclear Atucha II, contigua al reactor  Atucha I al que se le prolongará su vida productiva cuando debiera ser decomisado por haber caducado su vida útil. No conforme con esto e intentando generar más volumen energético para un  modelo de país que tiene en la actividad extractiva transnacional a su mayor consumidor, la política del gobierno argentino prevé la construcción de una tercera planta en el mismo lugar. Recordemos y hagamos analogías, sólo cien kilómetros separan a Buenos Aires de Zárate-Lima, la mitad de la distancia  existente entre Tokio y Fukushima, aunque no faltará quien diga que de este modo se transmite miedo a la población porteña, ocultando a la vez que se trata de una población no preparada para estos casos.

Fukushima  ha vertido millones de toneladas de agua radiactiva al Pacífico, sus platas atómicas dañadas contenían más combustible nuclear que el reactor de Chernobyl, y despiden más escoria radiactiva de sus entrañas que el de la central ucraniana; en ambos casos los reactores fusionados tampoco se detienen. Mientras el síndrome de China pesa sobre las mentes de los técnicos,  la nube letal continuará girando por milenos en la biosfera del planeta. 

Para los especialistas de Fairewinds que trabajan con la Academia Nacional de Ciencias de la BEIR (Efectos biológicos de las radiaciones ionizantes), uno de cada cien jóvenes está en condiciones de desarrollar cáncer, por cada año, al estar expuesto a 20 milisieverts de radiación. Quiere decir que, si se quedan en la zona contaminada por cinco años, el cálculo es que cinco de cada cien jóvenes contraerán cáncer. Hay que aclarar que el informe BEIR sólo se refiere a cáncer en relación directa con la radiación; no están incluidos otros muchos efectos de la irradiación. Para estos investigadores,  Fukushima podría dar como resultado un millón de casos de cáncer. Pero el drama social (y el de la salud) tiene otras ramificaciones, las autoridades japonesas suelen alterar las cifras de exposición radiactiva y al mismo tiempo admiten niveles lindantes con el genocidio. Japón parece inmolarse en silencio envuelto en el determinismo de un holocausto atómico al que considera someterse con paciencia oriental. ¿Está el gobierno de Japón, la empresa nucleoeléctrica Tepco y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) protegiendo debidamente a los ciudadanos de la isla? Tal parece que no cuando alegan que se logró estabilizar Fukushima en tanto técnicos y especialistas de ese mismo país afirman lo contrario. En su exposición la agencia Fairewinds ratifica que “el equilibrio dinámico en comparación estática, las exposiciones a dosis consecutivas (acumulativas) de los niños japoneses y de los trabajadores nucleares, la contaminación por contacto de materiales radiactivos con los no contaminados y la difusión de la ceniza radiactiva a través de Japón, son sólo una pequeña parte de esta tragedia nuclear en curso”.
La exposición del profesional Marco Kaltofen de la American Public Health Association probó que “las partículas calientes están contaminando el norte de Japón.” Dijo también que “los filtros de aires de los automóviles de Fukushima fueron testeados en su laboratorio de Massachusetts y son tan radiactivos que deben ser eliminados en enterramientos de residuos radiactivos de alta actividad en los Estados Unidos. Ni que hablar –agregó el investigador- de la contaminación que sufren los mecánicos que trabajan en los vehículos provenientes del departamento de Fukushima.”

Los reactores colapsados continúan emitiendo radiactividad al ambiente, pero además “el gobierno Japonés –en opinión de los especialistas citados anteriormente- no ha desarrollado un plan coherente para hacer frente a este continuo drama de la contaminación radiactiva a gran escala.” La quema de materiales radiactivos (objetos de la construcción, árboles, césped, paja de arroz, etc.) por parte del gobierno japonés ha empeorado la situación afectando con cesio radiactivo a zonas que se hallaban limpias; la contaminación radiactiva  continúa propagándose por todo el Océano Pacífico hacia América del Norte, exacerbando aún más el drama y el aumento de costos astronómicos”. 

Sólo uno de los 54 reactores aún continúa funcionando en Japón. El reactor número 6 de la planta de Kashiwasaki-Kariwa fue parado el 26 de marzo. Japón prescinde de la energía nucleoeléctrica a un costo altísimo. A pocos días de la fusión de los reactores se detectó yodo radiactivo en el agua corriente de Tokio, niveles semejantes se observaron en la leche y en espinacas. Siete días después aparecieron partículas radiactivas en California cubriendo el océano Pacífico y más tarde yodo radiactivo en Finlandia. Un mes después  apareció yodo y cesio en España y en otros países de Europa registrado por el Consejo de Seguridad Nacional. Luego, de repente, sobrevino el mutismo oficial, pero la realidad aparece diariamente en toda forma de vida sobre suelos del archipiélago japonés. Japón reconoce haber perdido por ahora  trece mil kilómetros cuadrados de territorio, a manos de una radiación tan sutil como acumulativa. El cemento de Tokio ya no es el edén turístico del capitalismo hegemónico y transitarlo no se seduce a nadie.  El tsunami no pudo cubrir toda la isla pero la ceguera del consumismo energético primermundista hundió al Titanic de la tecnología cibernética moderna.

martes, 13 de marzo de 2012

ATUCHA I y II PRESENTES EN EL OBELISCO PORTEÑO Y EN LA LOCALIDAD DE ZARATE



Hace un año en Fukushima temblaba Japón y se sacudía el planeta: otra vez la radiación nuclear se desplazaba desde el Pacífico y esta vez sin Enola Gay que arrojara bomba alguna. Tres reactores habían comenzado a fundirse, sus núcleos letales dejaban escapar radionucleidos cancerígenos como antes ocurriera con numerosas plantas atómicas dedicadas a la generación de energía eléctrica. Three Mile Island, de Pensilvania, la Chernobil de Ucrania, eran nombre que volvían a rodar en los medios de prensa mientras una tras otras se sucedían las explosiones de hidrógeno en las plantas colapsadas por un terremoto y Tsunami posterior, en el complejo japonés de Fukushima Daiichi, en tanto la televisión globalizada transmitía en directo el cruel espanto de la impotencia humana. 

Un año después, otro 11 de marzo, fue un domingo distinto en el Obelisco, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, como también lo fue en la localidad de Zárate, ciudad dormitorio de gran parte de los trabajadores de las plantas nucleoeléctricas Atucha I y Atucha II (esta última en construcción). Imágenes y altavoces comunicados por Internet propalaban al unísono en ambos sitios una pregunta aún con respuesta pendiente, pero que invitaba a la reflexión a cuanto transeúnte circulaba en el tórrido verano porteño: Si Japón perdió con Fukushima 13.000 kilómetros cuadrados ¿cuál sería el resultado de un incidente semejante en Buenos Aires, a cien kilómetros de las centrales nucleares de Atucha? Fukushima evacuó a  150.000 habitantes próximos a los reactores, el resto también recibió dosis radiactivas que la bibliografía reconoce como cancerígenas. Se registraron 573 muertes relacionadas con la hecatombe nuclear. Costaría 650.000 millones de dólares la limpieza del lugar pero el territorio se perderá por décadas, a tal punto que aún se considera evacuar Tokio, a 250 kilómetros de los reactores  fusionados. Fukushima sigue emitiendo radiación. ¿Quo vadis Japón?
Sobre un costado de la calle Corrientes, la bandera de la UAC (Unión de Asambleas Ciudadanas) insistía contra la contaminación y el saqueo; bordeando el ícono de Buenos Aires, otras banderas y carteles se expresaban por la vida exigiendo al mismo tiempo el cierre de las centrales nucleares, debatir la matriz energética y el retiro inmediato de los residuos enterrados a metros del aeropuerto de Ezeiza y a sólo 26 kilómetros del Congreso Nacional,  envenenando a los habitantes de las numerosas  localidades suburbanas conforme a un peritaje ordenado oportunamente por la justicia: la totalidad del acuífero Puelche se encuentra en serio riesgo de contaminación.

En el centro de Buenos Aires, humeantes tambores,  rememoraban las explosiones de los reactores japoneses flanqueados por activistas que a modo de los “liquidadores” de Chernobyl” deambulan con trajes sofisticados incompetentes para  detener la radiación: el reactor cuatro ucraniano se cobró 700.000 soldados soviéticos que debían exponerse solamente tres minutos cada uno intentado neutralizarlo, además enterrar los desechos. Cinco millones de personas vivieron en áreas contaminadas y cuatrocientas mil en áreas gravemente contaminadas. En todos los casos se fueron registrando casos de cáncer, ignorándose las cifras finales de mortalidad poblacional en la Ucrania soviética. Nada sirvió. Al día de hoy el macabro esqueleto atómico continúa hundiéndose envuelto en una carcasa de concreto incapaz de contenerlo.

Ahora, otra nube radiactiva circula por el globo cubriendo un circuito caprichoso a merced de los vientos: Fukushima, como Chernobyl, alcanzó el grado 7, el máximo en la escala Inés,  pero muchos otros fueron significativamente tan graves como estos: Mayak (1957, Rusia) fue de magnitud 6 según la escala INES; el mismo año ocurrió en Gran Bretaña el de Windscale, de magnitud 5; el de Three Mile Island (EEUU 1979) fue también nivel 5; el accidente radiológico de Goiania (Brasil) fue 5 y el de Tokaimura, en Japon (1999) fue considerado de magnitud 4.

Todas las centrales nucleares registran escapes radiactivos al exterior y en opinión de John Gofman, eminente científico físico nuclear y médico, integrante del proyecto atómico Manhattan, descubridor del uranio 232 y 233, célebre y prestigioso investigador de la energía nuclear y de sus efectos, considera que la concesión de licencias para plantas nucleares es un “asesinato aleatorio premeditado” porque se sabe lo que se está haciendo; advirtió reiteradamente que “la evidencia sobre la radiación que produce el cáncer está fuera de duda…he trabajado 15 años –dijo Gofman- a partir de l982 y también lo han hecho muchos otros y sabemos que la radiación produce cáncer hasta en las dosis más bajas”. Gofman demostró que “Las dosis admisibles son inadmisibles”.

Explicado de este modo  y con esta convicción, la UAC realizó la marcha a Zárate el año pasado, oportunidad en la que se entregaron 5.000 volantes a los trabajadores de Atucha II con  el claro objetivo de apoyarlos en una eventual reconversión laboral, como ocurre en Europa y en aquellos países que decidieron abandonar la experiencia nucleoeléctrica; pero además la UAC supo advertirles de una actividad altamente peligrosa. Fue relevante porque la concentración del 11 de marzo pasado, en la localidad de Zárate, se congregaron  400 personas que expusieron sus razones para oponerse al plan nuclear argentino.

Los numerosos colectivos que se agrupan en redes oponiéndose  a esta energía contemplan para el mes de abril una concentración convocada por la Unión de Asambleas Ciudadanas frente al Congreso Nacional. Los pueblos exigen ser escuchados y rechazan la inmoralidad política de que les apliquen una matriz energética obsoleta y nociva, alargándole la vida útil a dos plantas, Atucha I y Embalse Rio 3°, que debieran ser decomisadas.  La energía nucleoeléctrica produce altísimos volúmenes de residuos radiactivos que no cuentan con gestión definitiva en el mundo. Es cara a tal punto que cuesta más la gestión de esos residuos que la energía misma que produce. La UAC propone en consecuencia un debate sobre el tema en cuestión,  al mismo tiempo que sostiene  la imperiosa necesidad de que todos participemos de él.

UAC (UNION DE ASAMBLEAS CIUDADANAS). Zárate - Buenos Aires, 12 de marzo de 2012.

FOTOS:
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151381769375594.823892.452854535593&ty

viernes, 9 de marzo de 2012

HACE UN AÑO EN FUKUSHIMA, DESPUES EL SILENCIO





¿QUO VADIS JAPÓN?


FUKUSHIMA SUPERA LOS NIVELES
RADIACTIVOS DE CHERNOBYL

El gobierno de Japón elevó de cinco a siete el nivel de gravedad en las instalaciones nucleares dañadas y destruidas en Fukushima, utilizando el arbitrario dictamen INES (Escala Internacional de Incidentes Nucleares) para medir la gravedad radiológica. Las contradicciones y omisiones oficiales sobre el desastre nuclear japonés nos permitieron indagar el real impacto de los reactores que se hallan en vías de fusión o literalmente colapsados; en notas anteriores anunciábamos que las emisiones radiactivas de Fukushima superaban holgadamente a las de Chernobyl. ¿Nos adelantamos a la decisión oficial que ahora se hizo pública? El síndrome de la evacuación, del gran éxodo, pende sobre un pueblo que ha comenzado a perder su territorio y aparece la pregunta ¿a dónde?

¿Quo vadis Japón?

Cómo fue posible semejante desgracia si los señores del saber nuclear habían ponderado la calidad de las centrales atómicas de Japón, capaces de resistir terremotos de magnitud nueve en la escala de Richter, al mismo tiempo que culpaban a los profesionales locales de no haber sabido predecir un tsunami tan devastador, como si la culpa fuera de olas de quince metros cuando se esperaban algunas de un tamaño muy inferior. En esta correlación, no explicaban que las piscinas refrigerantes de desechos nucleares (combustible nuclear gastado que debe enfriarse por 25 ó más años), se habían agrietado debido al movimiento sísmico y no por el maremoto posterior, y que los tambores conteniendo los desechos radiactivos de alta actividad, ubicados en instalaciones contiguas, nunca fueron mencionados ni se aludía a su peligrosidad, ni donde se hallaban o en que estado habían quedado después de la violenta ola que los sacudió y revolvió brutalmente como si fueran hojas de papel; residuos que permanecerán activos por cientos de miles de años -hay que recordarlo- y que aún el hombre no ha procedido a aislarlos de manera definitiva. (Esperamos conocer el destino de esos recipientes deletéreos o el estado en que se hallan después del cataclismo). Mientras tanto las imágenes develaban la verdad disimulada en innumerables contradicciones entre técnicos, especialistas y gobiernos de distintas latitudes que sentenciaban la gravedad de Fukushima.

La seguridad de las centrales japonesas -en plena tragedia- era única en su género, fue diseñada para soportar terremotos inimaginables, advertían sesudos peritos, en el mismo instante en que, en el teatro de los sucesos, comenzaba la trama heroica de un grupo de técnicos que se inmolaba para salvar a sus congéneres, intentando enfriar, cubrir y acorazar a un reactor fusionado, tarea que resultó insuficiente. La proximidad del mar habilitaba el uso del agua, destructora de los metales del reactor, en último recurso para reducir la temperatura del núcleo averiado, a pesar de que aún se lo anunciaba como medianamente en estado de fusión, urdiendo de ese modo una de las mayores mentiras de la historia nuclear.

Menos mal que pasó en Japón, repetían insistentes las cadenas internacionales de noticias, ignorando acaso que esa misma isla había padecido decenas de fugas radiactivas de gran intensidad, sin fenómenos de terremotos o tsunamis a la vista, pero con la presencia -en un pasado reciente- de miles de manifestantes exigiendo el cierre de las centrales. Japón, al igual que los barones nucleares de occidente, acudió a la indecencia discursiva para afirmar que “aquí no pasa nada que no esté controlado”.

Fukushima permite elaborar una lista interminable de falsedades, engaños digitados por funcionarios, técnicos y expertos que minimizaban la tragedia convirtiendo al holocausto nuclear japonés en un genocidio justificado por una inconcebible adversidad. Fue la adversidad, proclamaron.
La misma hipocresía cientificista, capaz de afirmar que sólo treinta y cinco fueron los muertos de Chernobyl, deambula por los medios informativos en países de distinto signo: que Fukushima no representa peligro para la salud, que todos los equipos de seguridad funcionaron normalmente, que el sistema japonés previó una última coraza de hormigón impidiendo que la vasija con el núcleo se expusiera a cielo abierto, que la emisión radiactiva es semejante a la producida por un par de radiografías, que la radiación está controlada, que con el agua de mar inutilizaremos a los reactores pero habremos sofocado las emisiones radiactivas, fue una muletilla constante que se superponía con imágenes de las gigantescas cajas de hormigón destruidas y humeantes cubriendo los reactores. El viejo mensaje de que Fukushima no es Chernobyl demuele las argucias de la tecnocracia nuclear al reconocer ahora que ambas centrales se hallan en el mismo nivel siete en la escala INES.
De pronto la radiación alcanzó la vastedad del mar, primero a treinta kilómetros, enseguida superó los ochenta, leve y no significativa para la cadena trófica, argüían los voceros de la empresa y del gobierno, sin justificación alguna al reconocer elevados índices de radiación registrados en continentes lejanos. El agua, vehículo que comunica todo a la biosfera, se suma a la nube tóxica que también trasporta los radionucleidos en la gran campana. Nuestros registros, -comparativos con infortunios semejantes-, nos permiten afirmar que el caso Fukushima es mucho más grave que el de Chernobyl, en tanto contiene por lo menos cuatro veces más combustible que la unidad nuclear ucraniana. Aprendimos de Chernobyl y de las miles de fugas radiactivas de las plantas nucleoeléctricas, a descreer de los cultores de una tecnología que definen como de punta, barata, limpia y segura.
Ahora resulta que es barata porque las empresas no invirtieron en la seguridad que requieren las plantas (eso le achacan a la compañía eléctrica que gestiona Fukushima) y no dicen que es cara porque en realidad cuesta más la gestión del residuo radiactivo que la energía misma. Es sucia, por la misma cualidad anterior y porque en todo el proceso de la cadena nuclear se produce más escoria radiactiva que beneficios energéticos, en la molienda y colas de la minería, en la producción del dióxido de uranio, en los cementerios nucleares que quedarán vigilados eternamente, al ser decomisadas las centrales al cabo de su vida útil, en el reprocesamiento del combustible nuclear gastado, verdadero “licor de brujas” en opinión de quienes tienen la responsabilidad de reciclarlo, en las labores de las plantas nucleares en actividad y en la gestión de los residuos radiactivos, arrojados inescrupulosamente a los océanos o esperando repositorios definitivos que contengan los radionucleidos a perpetuidad. Al día de hoy no existe repositorio de residuos radiactivos de alta actividad en el mundo, y aquellos países que lo intentaron fracasaron. Hasta el PRAMU argentino, Proyecto de Remediación de Minas de Uranio, es una cruel falacia, con las minas de uranio abandonadas a sabiendas que contienen más del 70% del decaimiento del uranio 238, partículas cancerígenas expuestas a la complejidad climática, aún sin gestión definitiva.

Fukushima no puede ocultar la constante fuga radiactiva ni el impacto radiológico que sufre el planeta.
Hallan restos de yodo radiactivo en el agua corriente de Tokio y de otras ciudades y altos niveles de radiación en la leche, en verduras y hortalizas producidas en la región afectada, fue un lacerante titular. Todo el territorio se vio impactado radiológicamente en la atmósfera, en suelos, agua potable y mar. Y esto continuará por muchísimo tiempo. Entonces es hora de advertir a la población de la gran mentira oficial que minimiza los niveles de radiación de alimentos como los hallados en la espinaca, “semejante a una quinta parte de la que puede recibir un humano en una placa de rayos X”, información que oculta deliberadamente el carácter acumulativo de la radiactividad.

Por lo pronto se están utilizando aeronaves sin piloto que fotografían y estudian las plantas nucleoeléctricas. Un helicóptero teledirigido francés se halla en camino de Fukushima, única forma segura de investigar las centrales dañadas y las que también recibieron impactos menores. Las piscinas de los reactores 5 y 6 aumentaron considerablemente la temperatura, las bombas de refrigeración no funcionan, hay escapes radiactivos y sus núcleos están en virtual desmadre. Otras informaciones avisan que las bombas refrigerantes actúan pero que la temperatura no baja sustancialmente.

Los reactores 1, 2 y 3 se hallan en nivel máximo de gravedad, la propia empresa TEPCO anunció las dificultades para dotar de energía y de refrigeración a sus núcleos. El reactor 4 es otro de los averiados que también subió de categorización en la escala INES (ha superado 100.000 veces los niveles normales de radiactividad). “Las sustancias radiactivas parecen difundirse hacia el norte”, en opinión de la empresa propietaria de las plantas, Tokio Electric Company (Tepco), admitiendo que niveles importantes de estroncio 90, cesio 137 y yodo 131se registraron a 80 kilómetros de Fukushima.

Si hasta ahora el nivel de radiación equivale a un 10% del emitido por la planta soviética de Chernobyl (razonaba un agente de seguridad japonés), induce a pensar que lentamente Fukushima sobrepasará los niveles de aquella. Habrá que modificar la escala porque el nivel siete en la gradación INES fue superado.

¿Por qué aseguramos esto?

Porque cuatro unidades de Fukushima en estado de fusión, con piscinas rajadas y continuas emisiones de radiación, contienen casi mil toneladas de uranio, equivalente a cuatro veces la del reactor 4 de Chernobyl. Los escapes testeadas en territorio y aguas japonesas provienen de esas barras almacenadas que incluyen el combustible gastado refrigerándose en las piscinas y no tenemos en cuenta (porque lo desconocemos) la cantidad de residuos radiactivos de alta actividad alojados en los tambores contiguos a las plantas. El propio operador de la empresa Tepco, Junichi Matsumoto, reconoció que la cantidad de radiactividad liberada podría superar a la de Chernobyl en caso de persistir las fugas, sin tener en cuenta, hasta el momento, que el yodo 131 emitido en Fukushima es el doble del liberado por la central ucraniana.

El territorio se reduce, la isla empequeñece, la naturaleza ejerce su dominio. Recorrer un mapa de la nación japonesa implica detener la mirada en las ciudades del sur, Hiroshima y más abajo Nagasaki, reflejo inevitable de la memoria. El norte de Tokio fue sacudido con violencia por el terremoto y los primeros anuncios apuntaban a la planta nuclear de Onagawa, envuelta en llamas. La costa norte del Pacífico (Sengai) fue la más golpeada por la triple tragedia que parece inacabable, terremoto, maremoto y radiación. La ciudad imperial, Osaka, aparece como el límite habitable hacia el sur, pero no alcanza para un pueblo que tendrá que repensar el país y bucear fuerzas en su vieja cultura, ahora occidentalizada y signada por una economía, la tercera mayor mundial después de Estados Unidos y China. ¿Es este el camino? Por eso nuestra pregunta ¿Quo vadis Japón?, también válida para el planeta. Por lo pronto habrá que ir imaginando nuevos sitios, otras islas y otro hábitat que suplante los territorios irradiados del norte. No es ilógico pensar que Japón se ve obligado a delinear un nuevo camino partiendo de un kilómetro cero, no sólo evitando desarrollar energías destructivas o de efímera eficacia, sino replanteándose el sentido de la vida. Japón es también un caso testigo para todos, punto de inflexión de un mundo cegado por el consumo, devorador de futuro.



Recordando Chernobyl suponemos Fukushima

El reactor cuatro de Chernobyl comienza a fundirse a la una y siete minutos de la madrugada, un sábado primaveral, 26 de abril de 1986. La nube radiactiva, imposible de concebir por mente alguna, emerge del reactor después de que una fuerte explosión termina con la vida de todos los operarios en el seno de la central. De todos.  La nube primero se desplazó hacia el este y luego rotó hacia el norte. Enseguida se dividió en cuatro pétalos como si se abriera una flor, en distintas direcciones.  Uno de los pétalos de la nube radiactiva fue detectado por un soldado finlandés en un puesto fronterizo. En el mismo instante, en una central nuclear sueca registran altas dosis radiactivas en las botas de un operario. El director de seguridad de la central sueca, Ben Gelman, no termina de entender qué pasa y por la orientación de los vientos sospecha que la radiación proviene del Reino Unido y cuenta más tarde que lo primero que pensó fue en un ataque nuclear en territorio británico, hasta que veinte minutos más tarde se cree que la nube letal proviene de la Unión Soviética. El silencio se hizo interminable. Los soviéticos contestan con evasivas y dicen no saber nada cuando los suecos les preguntan que los vientos provienen de Chernobyl. Hasta ese instante habían transcurrido diez horas de la voladura y fusión del reactor y los bomberos se sumaban a luchar contra el núcleo convertido en una brasa. Los soviéticos reconocen más tarde el desastre diciendo que “no querían alarmar a nadie” y en consecuencia no evacuaron inmediatamente a la población de Pripyat, además hábitat de los trabajadores de la central, la que recibió radiación cuatrocientas veces superior a la generada por la bomba atómica sobre Hiroshima.

La gente de Pripyat, con las primera luces del día, recorría las calles y la plaza con sus hijos, sin saber que sus días estaban contados. Se cruzaron con soldados que portaban trajes y botas como de lluvia y un barbijo en el rostro, y respondían que se trataba de “un simple entrenamiento”.

La fusión del núcleo fue imparable. El setenta por ciento de los radionucleidos cae en Bielorrusia. El 2 de mayo la nube llega a Japón donde miden radiación altísima. El día 4 toca territorio chino y el 5 la nube sobrepasa la India. El 6 de mayo aparece en la costa de Estados Unidos y Canadá. Los informes advierten que la nube radiactiva de Chernobyl dio tres vueltas al globo terráqueo. En Europa también  recibió el impacto Alemania,  Francia, norte de Italia e Islas Baleares, y en el resto del viejo continente, aunque en menor medida. Los análisis de orina de algunos habitantes catalanes registraron altos índices de yodo radiactivo, un radionucleido que se aloja en la glándula tiroides y se mantiene vivo por ocho días bombardeando desde adentro todo el cuerpo. Pero digamos que hay muchos otros radionucleidos, como el Cesio 137 que contamina durante 30 años todo lo que toca. El Estroncio 90, que ataca la médula ósea y se confunde con el calcio del cuerpo haciendo el mismo recorrido; tiene una vida media de 90 años. Entre los productos de fisión que hay en el núcleo del reactor se halla el gas Xenón, veneno que se inhala y ni la lluvia lo disuelve, permanece vivo por seiscientos años. Son muchísimos los radionucleidos “criados” en la fisión nuclear pero citemos principalmente al más peligros de todos por su alta actividad, el plutonio 239 que se instala en el planeta para no irse por 250.000 años, causando enfermedades terminales. Es inimaginable, pero pensemos que hace 10.000 años había volcanes en Francia y que concluía el último período glacial, y que hace 8000 años el  desierto del Sahara  era una sabana verde y fértil. El plutonio, creado por el hombre en la fisión del reactor posee una vida media de 24.400 años, pero seguirá activo por 250.000 años.

Este cuadro es el que se reproduce actualmente en Japón, aunque creemos que mucho peor, porque combatir contra cinco reactores a los que habrá que envolver en hormigón, sólo para mitigar el impacto radiactivo al exterior, porque continuarán emitiendo radiactividad por milenios, será una tarea que no permite ver el final. Por lo pronto Fukushima es ya una ciudad fantasma como lo es actualmente  la ucraniana Pritya. Nadie puede ocultar la realidad ni la documentación que se fue gestando sobre Chernobyl con diez millones de afectados por cáncer y leucemias, cinco meses después del desastre nuclear.

Cuando los robots enloquecían en el techo del reactor ucraniano, con la utopía de ahogarlo químicamente y sellarlo con una coraza de hormigón,  se precipitaban –incontrolados- en el núcleo del reactor. Lo increíble sucedió después cuando setecientos mil soldados fueron enviados a cumplir ese objetivo. Se inmolaron. La orden era que cada uno no estuviera más de tres minutos en esa labor porque no hay traje capaz de frenar ese poder destructivo. Se sumaron a semejante esfuerzo muchísimos campesinos y pobladores, los bomberos y otras fuerzas del orden involucradas, enfermaron gravemente. Ocho mil quinientos de estos héroes murieron en horas y poco a poco el cáncer iba dando cuenta del resto. La tragedia continuaba en cada nacimiento de nuevos seres de aquellas mujeres contaminadas en varios kilómetros a la redonda: los niños de Chernobyl, algunos de los cuales estuvieron en Buenos Aires, en nuestro hospital Garraham, años después.

¿Es alarmista este texto y en consecuencia debemos ocultarlo?

Estamos siendo literales en la descripción de los hechos por eso coincidimos con gran parte del mundo que equipara -por ahora- la tragedia de Chernobyl y Fukushima. Pero este último sitio se agrava por su sismicidad.  Salvando esto, se asemejan mucho los dos casos porque en Japón, a cuatro días del desastre, el gobierno se esfuerza en convencer al mundo que la radiación es tolerable; en Chernobyl, dos días después,  el 28 de abril, el comunicado oficial leído por la autoridad soviética decía que “se había dañado un reactor y estaban reparándolo.” Las mismos burócratas prohibirían luego toda información vinculada con el caso, un velo que se fue destapando cuando desaparece la URSS. Lamentablemente, las nuevas autoridades ucranianas y rusas reconocen que gran parte de la documentación sobre Chernobyl fue destruida.

Javier Rodríguez Pardo

Movimiento antinuclear del Chubut (MACH) – Sistemas Ecológicos Patagónicos (SEPA)- Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE Argentina)- Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) Tel.: (011) 1567485340
(Nota publicada en marzo 18th, 2011)